Una de sus intervenciones supuso la elevación de otro piso y sobre todo, se esforzó en decorar la fachada con decoraciones florales en relieve, de gran realismo, que enmarcaron los vanos de puertas y ventanas. También la ornamentación del atrio de entrada reúne un buen repertorio de elementos del nuevo lenguaje, con exquisitas labores en piedra y forja.
El edificio tiene la particularidad de ser el precursor del modernismo en Zaragoza y de sentar las bases de la tipología de los edificios de la nueva calle Alfonso I, abierta en el siglo XIX para tener un acceso visual desde el Coso hasta la cúpula central del Pilar, en un proyecto de reforma de los intrincados callejones y adarves de herencia andalusí.
En este estilo arquitectónico, Fernando Yarza fue continuado por su hijo, José de Yarza Echenique, con otros edificios modernistas de la ciudad, como el situado en el número 25 de la calle Prudencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario