Lugar de emplazamiento de la batería que defendía la Puerta del mismo nombre, en la que Agustina Zaragoza y Domenech llevó a cabo la decidida acción que le abriría las puertas de la inmortalidad.
Sitiada la ciudad desde el 15 de junio, Léfèbvre concentró el día 2 de julio un supremo esfuerzo sobre distintos puntos de la ciudad, y particularmente sobre la puerta aquí situada. Poco a poco fueron debilitándose las defensas. El día 4, en un determinado momento, las bocas de los cañones aragoneses enmudecieron por haber caído todos sus sirvientes. Y en ese trance de indecisión, una vanguardia francesa comenzó a penetrar. Agustina, con gran coraje, aplicó el botafuego al oído de unas de las piezas, disparándola sorpresivamente sobre el enemigo y deteniendo su avance.
El propio Palafox, testigo de la hazaña, premió a la heroína allí mismo, con las ginetas de un sargento muerto. Posteriormente y por su reiterada bravura, sería colmada de honores. Relatado así en nota autógrafa del mismo Palafox. (GOMEZ DE ARTECHE, "Guerra de la Independencia", tomo 2º, cap. IV, cit. por SALA VALDES, M. de la. Obelisco Histórico en honor de los Heroicos Defensores de Zaragoza en sus dos Sitios (1808-1809). Impr. M. Salas, Arzobispado Zaragoza, Zaragoza (1908), voz Agustina Zaragoza,).
En el centro de la plaza, el Monumento a Agustina de Aragón y Memorial de las heroínas (obra de Mariano Benlliure) habla por sí solo: Agustina en lo alto, con uniforme de Sargento de Artillería y en bizarra actitud, preside el memorial con los nombres de las heroínas más destacadas. Veremos otras muchas citadas en el interior de la iglesia del Portillo.
En la parte de atrás del basamento, con cierta (aunque comprensible) parcialidad, el autor ha simbolizado al león del escudo de Zaragoza, dando una severa lección a la orgullosa águila napoleónica. Todos sabemos que, aunque en acciones parciales fue así, la victoria no sonrió en definitiva a las armas aragonesas, al menos en tan aciagas fechas.
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